miércoles, 20 de noviembre de 2013

¡TENGO UN PROBLEMA!

Tengo un problema!

Estas suelen ser las primeras palabras que muchos de quienes ejercemos la profesión de abogados con frecuencia escuchamos. Junto a estas palabras le suelen seguir la de "usted tiene que solucionarlo" o "usted tendrá la solución" y con seguridad concluirá con "porque yo tengo la razón". Sin duda alguna en más de una ocasión como abogados habremos respondido que ciertamente "puedo solucionarlo" y sin duda habremos acompañado de la conclusión "ciertamente tiene la razón".

Sin embargo, creo que luego de más de dos décadas en el ejercicio de la profesión como abogado durante las cuáles he dedicado buena parte de ellas a la solución de controversias (término con el que me siento más cómodo aún cuando se me identifica como litigante),  no resulta adecuado enfrentar al conflicto de la manera señalada en el párrafo anterior. En efecto, en primer lugar, en general,   la solución del problema no está en manos del abogado, luego el problema no es del abogado y tercer lugar al enfrentar al conflicto tener la razón no siempre es importante.

Si el abogado asume sobre sí la responsabilidad de dar la solución y en general la solución esperada por el cliente, no sólo podría estar violando sus deberes profesionales sino que además podría estar defraudando seriamente a su cliente. Por ello, resulta ciertamente mucho más adecuado partir del presupuesto de que yo como abogado puedo darle a mi cliente opciones de solución y que será esta persona quien tome la decisión definitiva. Evidentemente,  los abogados tendremos el deber de conducirle a través del proceso elegido para buscar, siempre atendiendo el mejor interés del cliente,  la solución esperada. 

Debemos además en todo momento recordarnos y recordar al cliente que el problema o conflicto no es del abogado, es de nuestro cliente. Esta realidad nos permite no sólo mantener el camino elegido que nos permita, en cuanto sea posible, alcanzar la visión elegida por el cliente sino que además  nos mantiene con los "pies sobre la tierra" evitando que sea la pasión del momento la que nos conduzca a tomar decisiones.  Si cometemos el error de asumir el problema o conflicto como personal con seguridad no podremos brindar el mejor servicio al cliente ni tampoco podremos reaccionar con adecuadamente cuando se presente algún obstáculo dentro del camino elegido. En todo esto, es muy importante que nuestros clientes entiendan que esta posición del abogado al único que favorece es al propio cliente.

A toda persona le gusta tener la razón y más aún cuando se ha producido un conflicto. Así mismo con frecuencia se cree que tener la razón es causa suficiente para "triunfar" en el conflicto. En general, para alcanzar una solución es mucho más importante entender la necesidad subyacente que el cliente busca que se le satisfaga. También es importante tratar de entender cual es la necesidad  o necesidades subyacentes de las otras personas involucradas en el conflicto, pues con ello no sólo se pueden encontrar caminos de solución en el evento de una negociación sino que además permite, inclusive dentro del juicio, generar la estrategia necesaria para buscar que al finalizar el pleito nuestro cliente pueda satisfacer aquello que requiere. Claro, en ocasiones puede llegar a satisfacer lo que requiere sin que se le dé la razón. 

En consecuencia, la próxima vez que escuchemos de nuestros clientes las palabras iniciales tratemos de enfrentarlas de una manera distinta. Si así lo hacemos con seguridad nuestros clientes podrán contar un abogado que les permita enfrentar de manera adecuada su problema.


No hay comentarios:

Publicar un comentario